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lunes, 11 de enero de 2010

RECUPEREMOS NUESTRA CIUDAD

Inicio advirtiendo que el título de esta columna no tiene que ver con un caso más de corrupción ni mucho menos con que se estén llevando a Barranquilla en un remolque, no, nada de eso. Hablo a nombre de mi razón de ser, la música antillana y las costumbres barranquilleras que se han ido perdiendo paulatinamente a través de los años. Y por esa razón paso a manifestar mi malestar en este escrito exponiendo que si bien en la ciudad han cambiado muchas cosas y que han llegado personas de diferentes partes de la Costa y Colombia y éstas a su vez han sembrado semillas en este terruño, hay que decir que a los barranquilleros, especialmente a los de la nueva generación les han cambiado el ‘chip’ musical y cultural. Recuerdo a los veteranos colegas como repasaban en sus programas aspectos culturales de su adolescencia en los cuales ellos iban a aquellas casetas en las que se disfrutaba a ritmo de salsa, música tropical (Bilo's, Melódicos, Chucho Sanoja, entre otros), en fin, todos los aires y sonidos antillanos programados por los grandes pick ups de los 60's, 70's y 80's como ‘El Coreano’, ‘El Pijuán’, ‘El Timbalero’, ‘El Rojo’, ‘Sibanicú’, entre otros. Eso me ha contado mucha gente de diferentes sectores de la ciudad y llegamos a la conclusión que el concepto general es el mismo. Pero ahora lamentablemente, no puede faltar en una fiesta, baile de carnaval, verbena, concierto, programación de emisora o en donde usted amigo lector (oyente) quiera, un tema de vallenato o un artista del género y de este fenómeno es que me quiero quejar. No es que esté iniciando una campaña de odios contra esta cultura, ni en contra de sus simpatizantes que son en su mayoría personas que llegaron específicamente de la región conocida como ‘El Magdalena Grande (Magdalena, Cesar y La Guajira), pero he venido analizando como periodista joven que soy, que el vallenato sin ser barranquillero, ha venido desplazando de manera preocupante a la música antillana, no sólo en las emisoras sino además en las casetas y grandes eventos musicales en donde presentan a estos artistas como lo más grande. Esto pudo haber pasado debido a que según me han comentado diferentes personas, inclusive participantes de la encuesta que realicé en mi programa, que en la era de la famosa ‘Bonanza Marimbera’, algunos individuos procedentes de La Guajira gracias a las facilidades de acceso que proporcionaba el Puente Pumarejo llegaron a las grandes emisoras de la ciudad con el propósito de difundir su música que por ese entonces estaba literalmente encerrada en el closet, hasta ese punto todo es normal, el problema es que no lo hicieron de la mejor manera, se valieron de amenazas y ostentación de poder que por ese tiempo poseían. Fue a partir de allí que se comenzó a mencionar el término ‘payola’ cuyo significado es promocionar un género o artista musical por intermedio de una cuantiosa suma de dinero que es entregado al director o programador de la emisora, hoy en día los mismos directores y discjockeys cobran esa ‘tajada’ a los músicos. Así poco a poco, se fue imponiendo a la fuerza y por ende masificando el vallenato en las emisoras y posteriormente los conjuntos de este género lograron ser invitados a los bailes de carnaval que se realizaban en los sitios más lujosos como el Hotel El Prado o El Country Club por mencionar algunos, hasta el punto que los periódicos de la ciudad llegaron a titular: “El vallenato se viste de frac” porque como era una música artesanal y considerada ‘corroncha’, logró llegar a un sitio distinguido y en el que sólo tenían cabida orquestas de salsa y música tropical venezolana, también denominada ‘música de salón’. Se puede decir que en Barranquilla hay cabida para toda la gente, con todos sus gustos musicales y todo tipo de culturas o grupos sociales, pero desde estas letras denuncio un trato preferencial a este género musical y un destierro a lo que es realmente nuestro por parte de los ‘mercenarios’, ¡perdón!, empresarios musicales que están organizando de mala manera los bailes de carnaval y conciertos en la ciudad de Barranquilla. Cómo es posible que por gusto de los organizadores, por pésima gestión de los dirigentes de la ciudad o por la estúpida excusa que dice ‘esto es lo que le gusta a la gente y es lo que está de moda’, inviten a una cantidad a veces hasta exagerada de artistas del género que no son de la ciudad a los grandes eventos que se están realizando en estos días y dejen de lado a las orquestas de salsa de aquí como el Grupo Raíces, Saragüey Orquesta y La Nómina del Pin, entre otras. Que bonito es recordar como las orquestas más importantes de salsa y otros ritmos antillanos que identificaban plenamente a la ciudad se presentaban en las casetas y calles cerradas de los sectores populares de Barranquilla para que ahora estos ávidos de plata vivan promocionando en sus eventos de poca monta ‘artistuchos’ con escasa o ninguna calidad interpretativa y musical. Con todo lo que está aquí consignado quiero dejar bien en claro que por las venas de los barranquilleros de verdad corre sangre antillana y justamente a ellos les pido encarecidamente que nos unamos y trabajemos de sol a sol por recuperar la ciudad de unos pocos que se encargan de transformar la imagen de la ciudad ante el país y el mundo para que en un largo plazo se le logre reprogramar el ‘chip’ auditivo a las futuras generaciones que son las que van a heredar este patrimonio tan importante como el Junior u otros tangibles de nuestra caribeña ciudad. Las soluciones están puestas sobre la mesa y entre ellas está primero que todo, iniciar un proyecto que permita a mediano plazo emparejar las cargas con el vallenato respecto a emisoras de salsa que recuerden los grandes clásicos, presenten a los artistas de actualidad y por supuesto, se encarguen de apoyar a los nuevos valores de la música antillana en Barranquilla; segundo, lograr que las figuras locales, las estrellas de la salsa internacional y los artistas que estén de moda en la radio con los famosos ‘reactivados’ tengan una mayor figuración y estén en mayor cantidad en los eventos del carnaval. O por qué no, organizar con la ayuda del Distrito, un festival de salsa que preferiblemente no coincida con el carnaval y en el que los coleccionistas muestren su repertorio salsero con un show en vivo con invitados especiales traídos por ellos; se realicen conciertos en los barrios y un show central en un sitio representativo como la Plaza de la Paz con invitados de lujo de ayer y hoy; y finalmente un gran desfile con grupos de bailarines. En conclusión, nosotros no podemos seguir siendo indiferentes a la realidad que nos rodea, por lo tanto, invito a todo aquel que se considere barranquillero, salsero y defensor de la cultura antillana que no sea mas un actor pasivo y que nos ayude a los que trabajamos con ahínco a recuperar nuestra Barranquilla de las garras de estos ‘mercenarios’ que se creen los dueños de la verdad en cuanto a la música se refiere, porque son ellos quienes han contaminado sonoramente a las emisoras de la ciudad.